En 2009, el entonces candidato presidencial Sebastián Piñera jugaba sus últimas cartas para salir vencedor, y apostó al voto evangélico. Firmó delante de algunos pastores un documento que establecía el trato que nuestro sector tendría en su eventual gobierno, el cual se conoció como los “30 Compromisos”.

Enfrentamos una nueva elección presidencial, y los guiños de algunos contendores al electorado evangélico son evidentes. El propio gobierno redobló esfuerzos este año 2013 para mostrar a los hermanos que aquella oferta de campaña se cumplió, y así estar cerca del (cada vez más) incierto escenario de renovar el contrato con la abanderada de la Alianza, Evelyn Matthei.

Las expectativas eran altas luego de que el Presidente resultó electo con el apoyo de muchos creyentes. Prensa Evangélica (y este periodista en particular) fue uno de los escrutadores más férreos de la tortuosa relación entre Mundo Evangélico y la administración Piñera. Y es momento de poner en perspectiva lo que pasó en cuatro años. Un balance de aciertos y errores, en base a la evidencia que tenemos, las impresiones de liderazgo cristiano que recibimos, y a criterios de políticas públicas.

Para ser justos, el saldo final es positivo, aunque con un retorno menor al esperado. No es fácil ponerse de acuerdo con un liderazgo evangélico fragmentado a tres bandos, desconectado a nivel central de las regiones. Teniendo eso en cuenta, y refiriéndonos estrictamente a los “30 Compromisos”, digamos que se avanzó en la medida de lo posible. Y eso implica que cosas importantes quedaron pendientes y otras (al contrario de lo que dice el último informe de la Secretaría General de la Presidencia) no se cumplieron.

Más allá de la oferta inicial, es muy valioso el nuevo perfil que adquirió en este tiempo la Oficina Nacional de Asuntos Religiosos (ONAR) como la instancia donde se construye la agenda, escuchando (con criterio técnico y político) diferentes perspectivas sobre los temas religiosos, tanto anivel nacional, regional como municipal (y no sólo a las cúpulas). Hay que reconocer que parte del terreno ganado por la oficina fue gracias al ex director Juan Wehrli Romo, y el respeto que su figura generaba entre los líderes religiosos. Así mismo, el rol del ministro Cristián Larroulet (uno de los más longevos del gabinete de Piñera), quién supo hacer de su oficina en la Secretaría General de la Presidencia un domicilio conocido para los pastores, y calmar lo ánimos cuando era necesario restablecer confianzas.

Un elemento inesperado en este escenario fue la figura del Capellán Nacional Evangélico en La Moneda, pastor Alfred Cooper. Carismático, inteligente, cercano, muy lejos de ser una figura decorativa del Palacio, ocupó el lugar de un efectivo relacionador público para el “mundo evangélico”, estableciendo relaciones valiosas tanto dentro del gabinete del Presidente, como con los funcionarios de La Moneda, las visitas internacionales y los hermanos evangélicos de Santiago y otras regiones. Su mayor aporte: las jornadas de oración.

Con lupa sobre el último informe de cumplimiento de los “30 Compromisos” (octubre 2013) podemos informar lo siguiente: de los 30 compromisos, 22 se cumplieron efectivamente, y 8 de ellos no se cumplieron en absoluto. Eso es un 5,1 final. Si alguien quiere desafiarme a justificar porqué pongo esa nota, que invite a un café.

Los mejores: La asesoría a los seminarios teológicos para formar un Instituto Profesional Evangélico que entregue a los pastores títulos válidos en Chile. La concesión de un terreno para el Centro Cultural Ciudad de Faroles en Santiago. El nombramiento de un arquitecto del MINVU en cada región para asesorar la construcción de templos. La entrega de $350 millones y fracción a organizaciones sociales evangélicas (al último, porque no es posible compararlo con respecto a otros períodos o grupos).

Los peores: Citar la restauración del Patio de los Disidentes como obra propia, muy feo. Prometer modificaciones a la Ley General de Educación, al Código del Trabajo y en especial a la Ley de Organizaciones Religionsas (Ley de Cultos) y no hacerlo (estaba en manos del ministro despachar al menos un proyecto de los emblemáticos, después de innumerables reuniones de trabajo con los liderazgos). Y que el Acuerdo de Vida en Pareja (AVP) es un proyecto que resta valor al matrimonio, en opinión de la mayoría de los cristianos.

Los más malos: A pesar de lo que se prometió y los avances, hoy los capellanes evangélicos no tienen el mismo estatus legal que los católicos al interior las instituciones uniformadas. Bastaba con incluir sus contrataciones en la Ley de Presupuesto, sino había interés en modificar la Ley de Culto. Pésimo adjudicarse como propias gestiones internas que tuvieron que hacer los capellanes frente a sus mandos para ganar nuevos espacios y contrataciones. E impresentable que en el último informe del Gobierno, citen el Boletín 8.643-02 como ejemplo de cumplimento de estos compromisos con Capellanías, cuando ese proyecto no menciona una sola palabra del tema, sino aspectos previsionales de los uniformados y policías.

Como no se trata sólo de ganar una elección, sino de mantener en equilibrio las distintas fuerzas políticas durante una administración, los 30 compromisos sientan un precedente: es mejor prometer menos y escuchar más, como saben los hermanos que dice la Biblia. Un consejo gratis para la candidata Matthei, que desde su visita a pastores de Cerro Navia se lanzó a hacer propuestas, y ahora está más decidida que nunca a llegar a segunda vuelta con el apoyo evangélico, aunque para eso tenga que sacrificar los votos más moderados del centro.

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