Los medios de comunicación al interpretar sucesivamente la realidad cumplen el rol de ser mediadores sociales. A través de la reducción del entorno a hechos que se comunican como noticias (y se amplían en comentarios y opiniones), influyen en la audiencia y en los actores sociales, los cuales al estar al tanto del acontecer pueden dar su opinión y hacer sus aportes al discurso político. Esto ayuda a ser un “verdadero ciudadano”, pues cada uno de los miembros de la sociedad democrática debe tener acceso a la información que requiere, para lograr así libertad y una participación más igualitaria en la vida social[1].

Gracias a los medios “percibimos una imagen de la realidad social cómoda y manejable, con una versión consistente, objetivada, concentrada y dramatizada, siendo una referencia general y no hechos cambiantes e instantáneos” (Gomis[2]).

Esta intervención entre la realidad global y la audiencia se realiza al construir este escenario, que se logra al interpretar, incluir y excluir los hechos, y jerarquizarlos, mediando entre los que son productores del espectáculo y el público (los actores interesados se consideran público porque también se informan a través de los medios). “Lo que no pasa por los medios no pasa por ninguna parte, no deja constancia y no influye”, señala este autor.

El periódico a la hora de mediar la realidad, de entregar diariamente las noticias del acontecer nacional, es “un actor político que por medio de un discurso polifónico sobre diferentes temas influye en los lectores”[3].

Dentro de la cadena productiva de información, el periódico procesa, interesada e interpretativamente los elementos de realidad susceptibles de ser moldeados como “información”. Propone a sus lectores visiones acerca de la realidad mediante el conjunto de elementos a su disposición, las que operan a ritmos variables, según los intereses políticos o económicos del momento, a lo cual denomina “manejo de la información”[4].

Por su parte, Sunkel desarrolla el concepto de la prensa como aparato cultural. Esto quiere decir que es un componente muy importante en la producción y reproducción de significaciones y categorías con las cuales se define la realidad, pues de esta forma se da una versión oficial[5]. Esta idea debe nutrirse de otro concepto como lo es el de ideología[6], pues está unido al discurso periodístico desde su base: la noticia y la determinación de qué pasa a ser noticia. He aquí que el periódico tiene la capacidad de elevar al rango de tema público un determinado hecho social y de presentar una determinada interpretación del mismo y de asumir una voz impersonal (nota informativa-objetiva) o de una voz opinante (opinión o editoriales).  Pero para lograr una intencionalidad ideológica, el medio la manifiesta a través de una manipulación directa, la que se puede ver a través de las fuentes consultadas, el trabajo editorial  y la presentación de la “noticia”; la otra forma es a través de la construcción de un pensamiento, el que no se construye en el día a día, sino a lo largo del tiempo. La suma de ambos factores construyen la eficacia política, donde el medio busca la complicidad del lector con tal de conseguir su efecto ideológico[7].  En este sentido, Verón señala que una “ideología históricamente determinada… fascismo, socialismos, estalinismo no es más que una gramática de producción”. Agrega que “todo producto lleva las huellas del sistema productivo que lo ha engendrado”[8].

El rol del mediador

Con frecuencia entre los teóricos la dimensión conflictiva inherente a una percepción del periódico como “actor” queda desplazada u oculta por las connotaciones de neutralidad o de mediación pacificadora que acompañan al término “medio”.

Para McQuail[9], el periódico puede ser transmisor neutral o ser un vínculo interactivo, con diversas posibilidades de participación, teniendo una forma de ejercitarse que puede ser más o menos activa, siendo “una ventana abierta a la experiencia”.

Siguiendo la misma alegoría, Tuchman[10] niega su presunta neutralidad poniendo en relieve el “marco” como determinante de lo que deja ver esa ventana. Es una plataforma que “hace posible transmitir opiniones (acceso) y escuchar voces escogidas. O como un medio de control representado según las imágenes más variadas: la de integración, proclive por tanto al consenso; la de señalización, en cuanto dirige nuestra atención hacia aspectos seleccionados de la realidad”, entre otras.

El periódico, entonces, tiene un elenco de roles que pueden desempeñarse de forma alternada o simultanea: Andrew Arno[11]- expone al periódico como un “narrador y tercera parte en situaciones de conflicto”. Gomis[12] a su vez, lo califica como intérprete y mediador. Borrat[13] añade un punto más a esta visión, puesto que no es sólo narrador y comentarista, sino que además, puesto en situaciones de conflicto, presenta una involucración mucho más intensa que la de tercera parte mediadora. Puede ser considerada entonces narrador, comentarista y participante activo del conflicto político.

Sunkel añade que en la construcción del discurso político el medio ve involucrados cuatro componentes: a) identificativo: donde a través del discurso político se constituyen al menos tres tipos operaciones de identificación, como lo son la i) identificación del sujeto de la enunciación, ii) la identificación del destinatario y iii) la identificación del adversario; b) polémico, donde el sistema político se presenta como un sistema de relaciones de oposición; c) conativo, es aquí donde el discurso político busca constituir sujetos políticos y d) temático, donde el discurso político tiene como “tema” fundamental las formas institucionales del poder[14].

Teoría del conflicto

Para Borrat, dentro del sistema político y el subsistema de los medios de comunicación el periódico desarrolla las funciones de narrador y comentarista de los diferentes conflictos que se dan entre los actores de la actualidad política, siendo además participante como tercero de conflictos con estos actores o sus pares.

Por su parte, Dahrendorf[15] presenta la Teoría del Conflicto Social como la fuerza creadora de los conflictos de índole social, y lo califica como “un factor necesario en todos los procesos de cambio”. Además, dentro de esta corriente tenemos diferentes tipos de conflictos presentes en la creación: latentes (de tipo objetivo) y manifiestos (subjetivos); estos últimos se dan sólo en el caso de narrador y comentarista.

En este sentido, un actor político es todo personaje colectivo o individual capaz de afectar al proceso de toma de decisiones en el sistema político. Basándonos en esta teoría, el periódico es un actor del sistema político, un actor de conflictos, a veces de consensos, ya sea narrando o comentando por reacción ante la iniciativa de otros, o creando estas contiendas por iniciativa propia. El periódico al ser un tercer actor que entra en juego en los conflictos en cualquiera de sus funciones baraja las diferentes realidades que pueden darse dependiendo de las acciones que realiza.

Según Freund “la serie” comienza realmente con un tercer actor, especifica Borrat[16]. Con el número tres o la tríada se da la opción de formar alianzas, haciendo que varíe la polaridad existente en la díada. A partir de la tríada pueden producirse correlatos de conflictos que son las relaciones de convergencia, coincidencia, cooperación o alianza entre dos actores enfrentados a un tercero.

Los roles del tercero

A partir de esta serie, Freund presentó un esquema sobre los diferentes roles que puede desempeñar el periódico como tercer actor político, con los cuales se baraja la posibilidad de que las relaciones entre los otros actores se modifiquen convirtiendo a antagonistas en aliados y viceversa:

1) rol del intermediario neutral o imparcial: se mantiene fuera del conflicto siendo más que nada mediador (trata de reunir elementos necesarios para la reconciliación) o árbitro (interviene para defender una norma o ley, e impone una solución respetada por ambas partes).

2) rol del tercero pícaro “tertius gaudens”: el periódico no está directamente involucrado en el conflicto, pero trata de sacarle provecho formando coaliciones con quien más lo favorezca.

3) rol de “divide et impera”: el actor interviene directamente en los conflictos, provocándolos incluso para lograr sus objetivos de manera más fácil.

La centralidad del conflicto es el eje motor de la consideración del periódico como actor político en los tres niveles: el periódico relata y comenta hechos noticiables en su trama básica- A contra B- enfrentan a dos o más actores sociales en función de relaciones de poder, participa en algunas de las disputas sobre las que informa y finalmente experimenta conflictos -habitualmente omitidos en sus temarios- en su propio cuerpo institucional.

Comunicación política y conflicto

Según la Comunicación Política, todo conflicto manifiesto puede ser entendido como un proceso de comunicación. Para que exista la disputa –cita Borrat[17]- Robert G. Meadow manifiesta que es necesario el intercambio de información y, por ende, la comunicación. El conflicto político debe entenderse como “la competición o el desacuerdo sobre valores, liderazgo, asignación de recursos o cualquier otro ítem importante dentro de un sistema político”. Para Andrew Arno[18], el conflicto es creado, mantenido y resuelto mediante el intercambio de mensajes, estando íntimamente ligados a la comunicación.

Desde la perspectiva de la Comunicación Política, el conflicto cumple con diversas funciones:

- Abrir líneas de comunicación donde previamente no existían o donde los canales estaban obstruidos. Dos actores pueden incluso ignorarse mutuamente hasta que surge un conflicto en el que ambos tienen interés, ya sea de forma semejante o totalmente opuesta.

- Ser un importante medio de comunicación en especial para “los políticamente no

articulados”. Para los “desposeídos” la protesta establece una forma de presencia, quizás la única, mientras que para los líderes políticos es una señal de alarma, siendo para ambas partes un índice funcional.

- Desempeñarse como catalizador de un cambio sin el cual podría ser considerado, pero no realizado. Los productores de decisiones son forzados, a través de un conflicto visible, a reaccionar ante ciertas actuaciones problemáticas, creando o apurando respuestas.

- Reforzando las señales de identidad de ciertos grupos, sirviendo a la comunicación interna dada entre los miembros de un colectivo, defendiendo sus fronteras o intensificando las lealtades grupales.

Meadow distingue estas funciones como cuatro fases del conflicto social donde la comunicación es primordial para lograr que la disyuntiva se dé en la sociedad al aparecer en los medios de comunicación masivos.

1º.- El origen del conflicto: la comunicación es necesaria para la existencia misma del conflicto: para que A y B entren en debate hace falta un intercambio de mensajes mediante el cual cada uno deviene su punto de vista.

Si no hubiera comunicación podría haber contradicción objetiva entre ambos (conflicto latente según Dahrendorf), pero no una pugna asumida y dirimida entre ellos (conflicto manifiesto). Para que exista el conflicto es imprescindible que haya conciencia de la competición por el recurso limitado que es objeto del conflicto y que se identifique el antagonista.

2º.- Expansión del conflicto: la diseminación de la información sobre el problema acarrea generalmente la inclusión de numerosos actores, sea porque consideran que sus propios intereses se ven afectados o porque ante éste afirman ciertas preferencias en el plano de los valores. Sin embargo, Borrat hace un llamado de atención sobre la exclusión de gran parte de los actores en los medios por decisión estratégica o prácticas rutinarias compartidas por la mayoría de los medios.

La hipótesis acerca de que a mayor rol desempeñado por los medios de comunicación

masiva en un conflicto, más diversos los actores y las cuestiones percibidas presentada por Meadow no sería del todo cierta debido a la inclusión de ciertos actores en la difusión de las noticias.

3º.- Gestión del conflicto: en esta etapa se reclama un foro para que las partes interesadas intercambien sus posturas.

4º.- Resolución del conflicto: en el caso más optimista se alcanza un nivel de armonía social, aún cuando en ocasiones “persista cierta amargura”. La resolución de la disputa es incompleta si falta una amplia difusión de la información acerca de que las hostilidades han culminado.

En todas estas fases de creación, producción y término de conflictos el papel de los medios de comunicación es vital. Llevando a cabo todos estos pasos los periódicos cumplen con su rol de actor político que narra, comenta y permite la creación de los conflictos.

Sin embargo, el periódico como actor político puede desempeñar además funciones de carácter negativo ya sea ocultando conflictos, dando falsas, insuficientes o erróneas definiciones de los términos en que se plantea, o realizando un tratamiento parcial de la pugna. “Muchas veces el medio no cubre oportunamente el origen del conflicto, empieza a informar sobre él recién al entrar en expansión, se desinteresa por la fase de gestión o no puede acceder a ella por llevarse a cabo en el secreto, ofreciendo una versión incompleta de la resolución del conflicto”, precisa Borrat[19].

Dependiendo de la función que esté cumpliendo el medio como actor político se pueden distinguir tres niveles de involucración en los conflictos:

- Extra: el medio es observador externo -narrador, comentarista- de conflictos que se desarrollan entre otros actores sin involucrarle ni como parte principal ni como tercero que desempeña el rol de intermediario neutral, de tertius gaudens o de divide et impera.

- Inter: asume el rol de intermediario neutral, de tertius gaudens o de divide et impera en relaciones de conflicto que le ligan con otros actores.

- Intra: el periódico es actor colectivo involucrado por conflictos internos que le oponen

con alguno o algunos de sus componentes (conflictos entre el todo y sus partes) o que se plantean entre sus componentes (conflictos entre pares o entre supraordinarios y subordinados).

En el primer nivel el periódico se ocupa de conflictos ajenos, en los últimos dos se perfila como actor de conflictos.

Los diarios realizan actuaciones públicas y privadas. Las públicas, secuencia de temarios publicados, consisten en la comunicación masiva y periódica de su discurso polifónico, narrando y comentando la actualidad política, social, económica y cultural, y se conoce por la lectura de lo publicado. Las actuaciones no públicas, es la producción de la secuencia de temarios, que se infiere de manera parcial y tentativa a partir de las actuaciones públicas.

La elección del léxico es un aspecto importante del discurso periodístico en el cual las opiniones o ideologías ocultas pueden salir a la superficie. Según Van Dijk[20], una gran parte del punto de vista oculto, de las opiniones tácitas o de las ideologías usualmente negadas por la prensa pueden inferirse a partir de descripciones e identificaciones del léxico de los grupos sociales y de sus miembros.

Actuaciones públicas y no públicas están interrelacionadas, puesto que se necesitan ambas, la producción permanente de la actualidad periodística para su comunicación pública y periódica. Pero en ese proceso de producción puede decidir tanto la exclusión como la inclusión y consiguiente jerarquización en los temarios que publica de los conflictos que se presentan en los tres niveles. Estas elecciones pueden provocar conflictos en los niveles inter y/o intra.

En los tres niveles el periódico excluye todos aquellos conflictos que carecen de interés periodístico o tienen uno menor que otros. Además, excluye en los niveles inter e intra, los conflictos cuya comunicación pública perjudicaría sus intereses como parte o tercer involucrado.



[1] PELLEGRINI, Silvia. “Cuadernos de Información Nº 8; Prensa y Política: el Nuevo Escenario”. Escuela de Periodismo. Universidad Católica de Chile. 1993. Página 19.

[2] GOMIS, Lorenzo. “Teoría del periodismo: Cómo se forma el presente”. Ediciones Paidós Ibérica, S.A..Barcelona, España. 1991. Página 25.

[3] BORRAT, Héctor. “El periódico, actor político” Editorial Gustavo Pili, S.A.; Barcelona. 1989. Página 10.

[4] OSSANDÓN, Fernando.

[5] SUNKEL, Guillermo. “El Mercurio: 10 años de educación política-ideológica 1969-1979”. ILET, Santiago de Chile. 1983. Página 25.

[6] Según Chibnall, ideología es esencialmente un marco integrado de categorías y conceptos anclados en una forma particular de existencia. Este marco es en gran parte una construcción inconsciente que estructura la percepción y el pensamiento. Este proceso se lleva a cabo mediante la exclusión sistemática de ciertas realidades  y la inclusión y modelación de otras. Conjuntamente, con filtrar la realidad, las estructuras ideológicas permiten que ciertos hechos sean “contextualizados”, es decir, posicionados dentro de contextos mayores y relacionados con hechos similares. En pocas palabras, las ideologías son estructuras por medio de las cuales la realidad subjetiva es moldeada y el mundo social es revestido de significado” (traducción de Guillermo Sunkel).

[7] SUNKEL, Guillermo. Op. Cit. Páginas 31-38.

[8] VERÓN, Eliseo. Semiosis de lo ideológico y del poder: la mediatización. Oficina de Publicaciones del Ciclo Básico Común (CBC), Universidad de Buenos Aires, 1997. Página 30.

[9] MCQUAIL, Denis. “Introducción a la Teoría de la Comunicación de Masas”. Ediciones Paidós Ibérica S. A. Barcelona. 1985.

[10] TUCHMAN, Gaye. “La producción de la noticia. Estudio sobre la construcción de la realidad”. Editorial Gustavo Pili, S.A.; Barcelona. 1983.

[11] BORRAT, Héctor. Op. cit. 1989. Páginas 30-32.

[12] GOMIS, Lorenzo. “El Medio Media: la función política de la prensa”. Seminarios y Ediciones, S.A.; Madrid. 1974.

[13] Ibid.

[14] SUNKEL, Guillermo. Op. Cit. Página 39-40.

[15] DAHRENDORF, Ralf. “Sociedad y Libertad. Hacia un análisis sociológico de la actualidad”. Editorial Tecnos, S.A,.Madrid, España. 1971.

[16] Ibid

[17] BORRAT, Héctor. Op. cit.1989. Página 24.

[18] Ibid. Página 26.

[19] Ibid. Páginas 29 -31.

[20] VAN DIJK, Teum. “La noticia como discurso: comprensión, estructura y producción de la información”. Piados ediciones. Barcelona, España.1990. Página 252.