La educación continúa siendo uno de los principales desafíos que tenemos como sociedad latinoamericana. Demanda que estimulada, principalmente, por la sociedad civil, ha hecho eco en toda la región. En efecto, uno de los temas que se pretende resolver por estos días en Chile es la calidad de la educación.  Este asunto ha sido a lo menos curioso porque hace algunos años atrás, cuando nos comparábamos con los vecinos, el discurso sostenía que éramos los mejores en muchas áreas incluyendo el ámbito educacional. No obstante, y a pesar de la “objetividad” que pueda tener ese tipo de afirmación, es difícil encontrar una respuesta razonable a lo que a veces se trata de definir por calidad. Es que muy pocos de aquellos que hablan de calidad, podrían explicar lo que entienden por  este concepto; es más, ni el propio Ministro de Educación ha podido hacerlo[1].

¿Será que la calidad tampoco era un ingrediente en el plan de estudios de las generaciones que nos precedieron? Como sea, en esta oportunidad me gustaría sugerir tres soportes irreductibles para el mejoramiento de la educación. La novedad de este planteamiento es que se propone desde la narración de Lucas, el famoso médico y autor bíblico, cuya perspectiva centrada en la persona de Jesús sugiere de manera episódica que la calidad en la formación depende en gran medida de la calidad de los padres, del estudiante y el profesor.

La calidad de los padres

Desde la cosmovisión cristiana podríamos decir que la calidad de la educación depende en primer lugar del compromiso y la calidad de los padres; dicho de otro modo: la familia. El lugar donde las criaturas comienzan a beber los primeros sorbos del saber, ese que comienza con la imitación, el lenguaje, el carácter y definiendo incluso nuestra manera de relacionarnos. Porque coincidiremos que una de las principales características de los niños es reproducir lo que aprendieron en sus primeros años de vida ¿Quién podría contradecir aquello? ¿Cuántos de nosotros nos hemos sorprendido con el lenguaje de un menor? ¿La actitud violenta o amable hacia sus pares? La psicología de la personalidad tiene mucho que decir al respecto. En este sentido, deberíamos poner atención al modelo de familia que tenía Jesús, patrón que por supuesto va contra las nociones modernas de los que quieren pasar por alto el modelo tradicional. La historia registra que el compromiso de José y María con Jesús de Nazaret, fundador del cristianismo, era total. Lucas, quien también era un notable historiador, registra en el segundo capítulo del libro que lleva su nombre: Los padres de Jesús subían todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Cuando cumplió doce años (Jesús), fueron allá según era la costumbre[2].

Entonces, cuando nos preguntamos cómo podemos mejorar la educación y arreglar el entuerto que tenemos en el aula de clases, la propuesta es sencilla: la primera reforma educacional debe comenzar por los padres. Pero, ¿no se supone que corresponde a los educadores dicha tarea? Sí, aunque la responsabilidad primaria, desde nuestro punto de vista, recae en los progenitores del menor. Tarea difícil si consideramos que la familia ha perdido la esencia de un padre y una madre como elementos esenciales de la comunidad familiar. Arquetipo que, a mi juicio, se ha ido diluyendo por alternativas menos robustas, ya sea por irresponsabilidad de uno de los cónyuges que nunca entendió la importancia de su rol en el núcleo familiar o, derechamente, por presiones políticas de gobiernos irreflexivos frente a grupos locales y organismos internacionales que deliran con reinventar el mundo. Algunos de sus cómplices se encuentran dentro de algunas corrientes psicológicas que se esfuerzan por sostener que el tipo de familia da lo mismo. La contradicción del asunto radica en que algunos de ellos, me refiero a los mismos que han deslegitimado el matrimonio y la familia, son los que ahora quieren participar extendiendo recetas prescriptivas para resolver el problema de la calidad.

Antes de continuar, es necesario detenerse por un momento en un tema que no es menor, para así disipar la ambigüedad e ir un poco más allá en todo este asunto. Porque el tema de la calidad no puede desligarse de la realidad social. Además, no sólo se ha cometido el error de ser irresponsables, sino también ha existido una especie de patrocinio de parte de los poderes del Estado a la anomia que padecemos. Poderes del Estado que deben asumir su responsabilidad en la catástrofe porque han sido estos los que han puesto la firma, legislado y financiado a favor de la insensatez. Me refiero a las imprudencias de montos y penas ínfimas para quienes, por ejemplo, procrean un ser para luego desentenderse de él; dándoles espacio para hacer lo mismo dos o tres veces. Otro caso concreto son los recursos e infraestructura que han destinado a madres solteras, apelando a la “asistencia social” como gran contribución a las adolescentes que han optado por el embarazo prematuro. Al mismo tiempo, han promovido la promiscuidad sin tapujos, haciendo un flaco favor a quienes a largo plazo necesitaran más que un jardín infantil para tratar de competir en un mundo cada vez más dispar.

Lo anterior posee una raíz perniciosa que la gente no logra ver pero que políticos hábiles en oratoria han sabido aprovechar bajo la consigna de ¡libertad! ¿Será resultado de la falta de calidad? Retomando el punto anterior, es conocido que tener un hijo no es igual a engendrar dos o tres, más si le sumamos un divorcio, ya que el costo para esa persona y su pareja será altísimo en términos psicológicos y económicos. Por tanto, ¿qué futuro tienen esos niños si la criatura que a duras penas los engendró puede hacerse cargo de su propia vida? ¿Qué decir de las madres solteras (en su mayoría adolescentes) que están viviendo en casa de sus padres? ¿Podrán acaso cambiar la suerte de su familia? No dudo que sea posible, sin embargo, ya se encuentran en desventaja por el contexto en el cual vivimos. Los costos de alimentación, transporte y educación son una clara evidencia de ello. Mientras tanto la barbarie continúa haciendo creer a las nuevas generaciones que vida y libertad son sinónimos de placer inmediato.

La verdad, han jugado con la carencia de educación. Sabiendo que las inclinaciones humanas, la mayoría de las veces -si no todas-, después de largas jornadas de trabajo, frustraciones matrimoniales, incumplimientos paternales, tienden naturalmente al desahogo y la entropía. ¿Por qué no hemos visto en televisión spots que promuevan la fidelidad? De seguro me dirán que estamos en una sociedad moderna, que ese tipo de propuestas huele rancio, que ya somos mayores de edad, que la religión debe quedar afuera en estas discusiones. Es que según los “expertos”, el látex es más efectivo que la fidelidad, porque evita embarazos “no deseados” y protege de enfermedades venéreas ¡Soberana estupidez!

Y digo estupidez, porque es la lógica del copy-paste, la que venera lo foráneo subestimando el pensamiento en pro de ser  un país “desarrollado”. Ahora, hay que reconocer que en la antípoda había gente más sensata que los intelectuales y políticos de nuestros días. Los funcionalistas, por ejemplo, en épocas recientes refiriéndose al problema del orden sostuvieron que “somos bestias salvajes, por naturaleza desordenados, criaturas anárquicas… con un comportamiento impredecible, caótico, fuera de control. Esta es la visión de la naturaleza humana sostenida por Thomas Hobbes…”[3]. Esta visión coincide con la propuesta Calvinista cuando señala: “esta es la corrupción que por herencia nos viene, y que los antiguos llamaron pecado original, entendiendo por palabra “pecado” la depravación de la naturaleza que antes era buena y pura”[4]. Desde luego, la historia sería distinta si nuestra comprensión de aquello hubiera primado sobre los caprichos de algunos. Sobre el mismo punto quisiera dejar en claro que aunque empíricamente puedo compartir algunas miradas con los funcionalistas, por adolecer de una epistemología coherente de una antropología del ser, me siento más comprometido con la postura de Calvino.

Volvamos a la idea de la calidad de los padres porque según el relato, José y María estaban verdaderamente preocupados del pequeño Jesús. “Los padres de Jesús subían todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Cuando cumplió doce años, fueron allá según era la costumbre”. Fiesta que, a propósito, no tiene nada que ver con el “conejo de pascua”, “el pan de pascua” o “el viejo pascuero” que tenemos como parte de nuestras tradiciones. Si no más bien con la tradición que los hebreos instauraron para recordar la liberación de Egipto después de 400 años de esclavitud. Según los entendidos, el viaje entre Nazareth y Jerusalén era largo, algo así como 148 kilómetros, distancia importante si consideramos que los caminos de la época no eran expeditos. En efecto, eran aproximadamente tres días sin considerar los ocho que duraba la fiesta. Pero, el punto aquí no está en las distancias, sino en la importancia que José y María dieron a dicha celebración, cuya fecha no olvidaban para mostrar a Jesús la trascendencia de conocer la historia de su pueblo y enseñarle, de algún modo, la importancia de reconocer al Dios de sus padres. Supongo que éste será un dato curioso para quienes han depositado su fe en el cientificismo, desestimando la dimensión espiritual del individuo.

De cualquier modo, tal situación nos permite establecer que la calidad de los padres por medio de la preocupación e intencionalidad, tiene mucho que ver en la formación de un individuo de calidad. Recordemos que los padres de Jesús, tenían la alternativa de quedarse en casa y no ir a ninguna fiesta religiosa (tal como sucede hoy cuando hablamos de ir a la iglesia). Cuestión que quizás consideraron cuando Jesús se extravío de regreso a casa: “Terminada la fiesta, emprendieron el viaje de regreso, pero el niño Jesús se había quedado en Jerusalén, sin que sus padres se dieran cuenta. Ellos, pensando que él estaba entre el grupo de viajeros, hicieron un día de camino mientras lo buscaban entre los parientes y conocidos. Al no encontrarlo, volvieron a Jerusalén en busca de él”[5]. Al margen de los detalles y curiosidades que suscita la escena, a mi juicio lo que demostró  este hecho cuando José y María regresaron por Jesús, es que a pesar de la pena, el gasto, el cansancio y el disgusto, la responsabilidad de los padres se encuentra por sobre las circunstancias, lo que equivale además de un acto de amor, a un acto de calidad.

Por tanto, esto de la calidad de la educación sin un ajuste social y un emplazamiento a los padres para que vuelvan a ejercer su rol podría ser una utopía. Basta observar cómo muchos padres han cedido a la tentación de vivir en función del dinero, la búsqueda del placer o el éxito profesional. Porque como hemos dicho, las familias ya no son las de antaño, han sido suplantadas por pseudo-modelos de aquella: madre-hijo, abuela-nieta, empleada-niños, pareja gay- huérfano, amigo, perro, etc. Entonces, el desafío es mayor si realmente queremos educación de calidad, porque si estamos hablando con seriedad, los padres deberían ser el primer eslabón de la cadena, lo demás es música. A propósito, los cristianos deberían ser ejemplares en este tema.

La calidad del alumno.

Jesús sabía de educación de calidad y, de paso, desmitifica la idea que la fe del ser humano corresponde a cierta etapa de la vida o grupo etáreo. En este sentido, debemos observar que Jesús estaba preocupado de alimentar el alma, cuestión que la cultura moderna ha soslayado por tratar de forzar la idea del individuo racional en desmedro del ser en toda su dimensión. De esta manera, el pasaje nos enseña que el cuidado de sí mismo a través de una relación con Dios puede ser bastante significativo para el crecimiento y la adquisición de conocimientos.

La búsqueda de Jesús termina en el templo, lugar que simboliza ese deseo de conocer al Padre, verdadera razón que motivó la estancia de Jesús en Jerusalén. Estudiar, conocer la verdad, las dimensiones profundas de Dios y la existencia. La narración es bastante clara cuando precisa que “al cabo de tres días lo encontraron en el templo sentado entre los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían se asombraban de su inteligencia y de sus respuestas.…”[6]. El templo tenía una doble función: la adoración y el estudio. Jesús, por tanto, en vez de encontrarse jugando, comiendo frutas o tomando fotos en el mercado de Jerusalén, decide invertir su tiempo con los maestros de la época. Ese es un modelo de estudiante, una loa a la calidad. Porque a su corta edad Jesús sabía que la única manera de crecer como estudiante en cualquier ámbito del saber, está ligado a la cantidad de horas dedicadas al “diálogo” con lo que se busca conocer. Ahora, aunque el principio teológico y la idea exegética de dicho pasaje es mucho más profunda en cuanto a saber donde nos deberíamos estar, es axiomático que sus prédicas y enseñanzas tuvieron mucho que ver con el arduo trabajo que realizó en la preadolescencia[7].

Desde otro punto de vista, cuando Jesús estudiaba el Antiguo Testamento, no sólo estaba forzado a comprender otras lenguas, asunto que a propósito hasta nuestros días es relevante: ¿Quién podría negar que un estudiante bilingüe está en ventaja sobre el resto? ¿La futura reforma educacional contemplará el dominio de otro idioma? Jesús también aprendía de culturas y costumbres de pueblos y civilizaciones aledañas, trabajo nada despreciable si consideramos que actualmente son disciplinas académicas. Muchas de ellas relacionadas con las ciencias sociales, filosóficas y bíblicas como la exégesis y la hermenéutica.

Entonces, Jesús está sentado en el templo escuchando y haciendo preguntas a los maestros; en consecuencia, el producto de aquella conversación es gente asombrada de su inteligencia y respuestas. A eso podríamos llamar economía de la educación. Porque cuando la mayoría sostiene que el pilar de la calidad son más recursos y mejor distribución, nos encontramos con el hecho de que además de tener padres preocupados, es necesario un estudiante inquisitivo y maestros capaces de colaborar en la transmisión de conocimientos. Cuyas fuentes, desde luego, son la propia historia y la dedicación al oficio ¿Hay algo más?

No pretendo ser fundamentalista en mi manera de ver el mundo, ya que valoro la disposición de recursos y tecnología al servicio del individuo, pero insisto: ¿De verdad necesitamos mayores recursos e infraestructura para tener educación de calidad? La pregunta puede ser provocativa para el sistema y los pedagogos, esa es la idea. Sobre todo para una cultura que ha crecido con la noción que educación de calidad es igual a colegio en sector socioeconómico acomodado o el modelo que promueve muchas horas en sala, equipamiento de última generación, actividades extra programáticas y giras de estudio. Lo cierto, es que la fórmula del argumento económico se ha probado muchas veces y por lo menos, en nuestro contexto; mayores recursos no implican necesariamente mejor educación si ellos no son inyectados en el lugar adecuado[8]. Del otro lado de la moneda, es necesario constatar que encontramos estudiantes egresados de excelentes planteles. Instituciones que podrían encarnar casi de forma tangible la calidad, pero que a la hora de ejercer profesionalmente, sus egresados, han dejado mucho que desear. En este sentido, todos de algún modo hemos sido testigos de los actos de corrupción, malversación de fondos y fraudes que cada cierto tiempo sacuden la opinión pública teniendo como protagonistas a aquellos que en algún momento estudiaron en los “colegios de calidad”.

Por ello, la idea de escuela en casa (homeschool), al más puro estilo de la enseñanza que recibió la persona más extraordinaria en la historia de la humanidad cobra sentido. Porque la idea es básicamente la misma, padres preocupados de sus hijos que ponen al servicio del menor conocimientos, habilidades y destrezas de manera personalizada. Metodología que hace una gran diferencia si consideramos que en el modelo contemporáneo las salas de clases son dictadas por uno profesor cada treinta alumnos. Las interrogantes que surgen al respecto son muchas, igual que los detractores a una idea tan descabellada como ser maestros de nuestros propios hijos, en consecuencia: ¿Por qué amparamos una educación a sabiendas que podemos darle algo mejor a nuestros hijos?  Lo raro, es que muy pocos conocen en profundidad los beneficios del sistema denominado escuela en casa, que provee más allá de las competencias curriculares básicas exigidas en correlación a la edad del estudiante. En nuestro caso, la primera experiencia con el modelo fue a través de unos amigos estadounidenses, que modelaron de forma brillante lo que había leído en el libro de Lucas. El impacto fue tal en términos de beneficios, que decidimos implementarlo también. La experiencia ha sido sencillamente extraordinaria, ya que hemos tenido la oportunidad de colaborar en la formación de nuestro primer hijo (y ahora el segundo) con excelentes resultados. No sólo en lo académico que ha estado sobre la media, sino también en el carácter, la adquisición de otra lengua, la disciplina, la responsabilidad y por supuesto, la atención de su vida espiritual.

Desde luego, el tema requiere sacrificio, nada es instantáneo. Sin embargo, que en estos días uno de los padres se postergue para tener el privilegio de servir a sus hijos es un tremendo acto de amor y calidad. Y es que se sorprenderían al saber que además de José y María, muchos padres a través de la historia han optado por este tipo de educación. Hombres y mujeres ilustres forman parte de la larga lista de estudiantes formados en casa que han destacado en distintos campos del saber: Benjamin Franklin, George Washington, Winston Churchill, Albert Einstein, Blaise Pascal, Claude Monet, Leonardo da Vinci, Hudson Taylor, Thomas Edison, Wolfgang Amadeus Mozart, C.S. Lewis, Gabriela Mistral, Charlie Chaplin, Jonas Brothers[9], son algunos de ellos.

La calidad del profesor

La educación de calidad, requiere profesores de calidad. ¿Con quién estaba Jesús? Sentado entre los maestros, otras versiones dicen: doctores. Un antecedente singular, ya que igual que en nuestro tiempo, un doctor en aquella época era un personaje respetado. No por pertenecer al gremio de la tercera edad ni por las canas, sino porque estaban dedicados a la formación de escuelas a través de la docencia. En pocas palabras su grado significaba una vida dedicada a los estudios[10]. Tal disciplina, es quizás, una de las razones del porqué en nuestra época con una población inferior a los catorce millones de habitantes, casi 25% de los Premios Nobel son de origen judío[11].

Al parecer, Finlandia es otro de los países que entendió la formula de sentar a sus nuevas generaciones frente a excelentes maestros. Porque parafraseando la fuente: no son de los que invierten más en educación (menos del 7% del PIB), ni los que imponen mayor carga horaria a sus alumnos, ni los que dan más tarea para la casa. En cambio, decidieron poner los focos sobre el maestro, exigiendo a quienes enseñan los más altos estándares, honrando la profesión como uno de los más altos privilegios que tienen en su país. Como es de esperar, dicha labor también es retribuida económicamente como corresponde[12]. Mientras tanto, de este lado del orbe, los profesores cada cierto tiempo deben salir a las calles para solicitar incrementos salariales; se niegan a ser evaluados y la carrera docente, en muchos casos, es una más de las tantas opciones que el estudiante tiene dentro del mercado educativo. Se debe estar atento con estos contrastes porque los “especialistas foráneos” que viven en otras realidades muchas veces se equivocan tratando de usar el mismo recetario. Algunos sin quererlo olvidan que estamos en fases distintas, que hemos comenzado al revés. Quizás, por eso, mencionan que debemos trabajar en la calidad, poniendo todo los énfasis en equidad y acceso, extensión del seguro de desempleo y la baja en la indemnización por despido[13]

De paso, inspirados en los ejemplos anteriores, no estaría de más exigir a las autoridades dentro de las indicaciones a las nuevas leyes relacionadas con la reforma educacional y la calidad de la misma; niveles de formación docente alto coherente con la inversión y los cambios. Es decir, que quienes aspiren educar a nuestros hijos tengan a lo menos un magíster y, de preferencia, un doctorado. En el mismo tenor, los cambios deberían incluir el regreso del respeto, las sanciones y el respaldo de todas las autoridades al rol del profesor; de otro modo, esto de la calidad será solo buenas intenciones.

Otra diferencia que es necesaria subrayar en el epílogo de la reflexión, y que no quisiera dejar de lado, es que a diferencia de las propuestas humanistas “en las que Durkheim coloca a la sociedad como dato primario y supremo valor; en el centro del suyo y como dato primero y supremo valor, Alain coloca al hombre”[14], Jesús y su familia, colocan la dimensión espiritual del ser. Observación que podría parecer inofensiva; no obstante, trascendental a la hora de interpretar la realidad, la vida e incluso la epistemología sobre la cual se construyen las convicciones de personas y sociedades. Porque no es lo mismo hacer ciencia pensando que somos el centro del universo, que verificar aceptando que detrás de todo lo que exploramos hay una huella digital evidente. Ojo con aquellos que sienten el impulso de caricaturizar al respecto, relacionando todo con la pseudo época oscura que maestros inescrupulosos y poco rigurosos transmitieron a jóvenes principiantes sedientos de conocimiento. Porque es necesario recordar que muchos de los descubrimientos, inventos y avances que se hicieron en aquellas centurias, fueron precisamente teniendo en mente esta última certeza. Aquella que sostenía la convicción de un Ser Supremo, capaz de imprimir sus leyes en todos los reinos de lo visible e invisible. De cualquier modo, es tema de otro debate.

En síntesis, la educación de calidad, en referencia a los actores principales que interactúan en ella se encuentra por sobre los presupuestos estructurales y el abanico de dinámicas pedagógicas existentes. De hecho, yo diría que está situada  más allá de lo que suponen la discusión, legislación y vorágine social. Por tanto, cualquier reforma que eluda enfrentar la responsabilidad que les corresponda a los padres, el estudiante y el maestro, será una reforma incompleta. Una reforma que, por muchos recursos e innovaciones que tenga, tendrá como fruto la inconsistencia. La propuesta cristiana, entonces, exige repensar con seriedad el rol de los padres. Desafiando a las autoridades facilitar las condiciones necesarias para que ello ocurra. Dicho cimiento originado en el respeto al núcleo natural del menor, debería producir otro tipo estudiante que, apoyado en la seguridad de su entorno, será por lejos más completo y competente. Por supuesto, el círculo lo cierra el maestro, la persona que a partir del nuevo ciclo debería ser desafiado y al mismo tiempo exigido a alcanzar los estándares más altos de preparación.

Christian Maureira. Sociólogo, Universidad Veracruzana, México. Fundador de la Comunidad de pensamiento y acción cristiana (CPAC). Ex Director de Cru Chile.

Notas


[1] Nicolás Eyzaguirre, ministro de Educación de la República de Chile. Tolerancia Cero, Chilevisión. Octubre 26, 2014.

[2] Lucas 2: 41, 42 NVI

[3] Boughey, Howard. The insights of Sociology: An Introduction, Library of Congress Cataloging in Publication Data, 1979. p. 16.

[4] Calvino, Juan. Institución de la Religión Cristiana, Fundación Editorial de Literatura Reformada (Felire), Quinta Edición, 1999. p.165.

[5] Lucas 2: 43- 45 NVI

[6] Lucas 2: 46, 47 NVI

[7] Sobre dicho tópico, recomiendo lee: Stalker D. D. James, The Example of Jesus Christ (Imago Christi), By Keats Publishing, 1980. Sobre todo el capítulo VIII “Christ as a Student of Scripture” pp. 101- 115.

[8] Un ejemplo concreto sobre el incremento de recursos, desde la denominada “Revolución de los Pinguinos” 2006 y hasta nuestros días. Véase: http://www.revistapolitica.uchile.cl/index.php/RP/article/viewFile/17275/18001 pp79- 83.

[10] Maestro,  en Diccionario Ilustrado de la Biblia, Ed Caribe, Miami, Fl., 1974. p. 394.

[12] Fuente:  www.latercera.com (Mundo), a través de BBC Mundo (2013), El secreto de uno de los mejores sistemas educativos del mundo: http://www.latercera.com/noticia/mundo/bbc-mundo/2013/06/1433-528061-9-bbc-el-secreto-de-uno-de-los-mejores-sistemas-educativos-del-mundo.shtml

[14] Not, Luis. Las pedagogías del conocimiento, Fondo de cultura económica, Santafé de Bogotá, Colombia, 1994. p. 47.