Por Reverendo Andrés Casanueva, Consejo de Pastores de Temuco

Según la encuesta Adimark, y la opinión de su director, la baja en la confianza de la ciudadanía hacia la Presidenta de la República Michelle Bachelet se debe a que la gente en su mayoría no le creyó al dar explicaciones al país sobre la situación de su hijo en caso Caval.

También ha sido evidente durante el último año que, pese a las explicaciones de muchos políticos sobre los casos de corrupción y financiamiento anti ético de campañas, la ciudadanía no les cree.

En otras palabras, el juicio público ha determinado que se ha vivido a nivel generalizado una mentira. “Mentira, tu vida ha sido siempre una mentira, una vulgar y estúpida mentira”, dice la canción. Y quizás da razón al sentir popular dado que el mayor rechazo no ha sido por los hechos en sí mismos sino por las mentiras con las que se han tratado de exculpar los involucrados o cubrir a los parientes o “amiguis”, al decir del presidente del PS, el Diputado Osvaldo Andrade.

A ciencia cierta, estamos acostumbrados a que en el mundo político todo tenga explicaciones basadas en juegos de palabras y, si bien sabemos que nos mienten descaradamente, ya no nos sorprende pues es parte del ethos de la política como la conocemos y la sufrimos hoy. En ocasiones se nos dicen que son sólo cambios de opinión, pero la verdad sea dicha: es mentira y sólo mentira a los que nos han acostumbrando.

La mentira es la razón por la cual la ciudadanía ha castigado a la presidenta y a los políticos. Sin embargo, nuestra sociedad es una sociedad mentirosa también, cubriendo las evidentes mentiras con barnices de blancura. Se miente “inocentemente” en cosas pueriles llamándoles “mentiras blancas”; se miente a nivel cotidiano para “no herir” o a veces para no perder la costumbre; se sigue mintiendo al interior del hogar, en las relaciones de pareja, en el trabajo y en las relaciones internacionales; se cubre la historia con mentiras que nos hacen sentir mejor como pueblo; muchos se mienten a sí mismos pensando en que sus vidas tienen sentido cuando en realidad se aferran a la vida por simple temor a la muerte; se intenta mentir diciendo que lo antinatural es normal o que un asesinato legal es un acto basado en un derecho humano.

La paradoja, como la hemos visto estos días, es que todos corren presurosos a mentir, buscando excusas o planteando la necesidad de hacerlo, pero no aceptan la mentira en otros.

Al final de cuentas se vive una mentira, una vulgar y estúpida mentira. La Biblia dice que Dios aborrece a los mentirosos, pero mira con agrado a los que actúan con verdad. ¿A qué grupo pertenece usted? Espero que sea uno de los pocos a los que Dios mira con agrado.