A propósito del placer que produce escuchar a los que saben, hace algunas semanas atrás tuve la oportunidad de presenciar el diálogo de un sencillo locatario, agricultor y vocero de uno de los principales mercados del país. Este hombre estaba sentado en una de las mesas de conversación más importantes de la televisión chilena: “Tolerancia Cero”. Este es un espacio de reflexión conducido por experimentados panalistas que “interrogan” y en oportunidades incluso “cuestionan” a los diversos actores políticos, sociales y culturales de nuestro terruño. En aquella oportunidad, el tema en cuestión, era la eventual alza de precios de frutas y verduras producto de las dificultades climáticas que hemos enfrentado el último año. Lo cierto es que este hombre, con sus comentarios y conocimiento de la materia, dio una verdadera clase magistral; trajo a mi memoria la ingeniosa frase de un amigo mexicano: ¡No le vas a enseñar a partir las hostias al Papa!

Es que a diferencia de sus contertulios -todos con estudios superiores-, Don Arturo Guerrero mostró, una vez más, que muchas veces el conocimiento no necesariamente se bebe en las aulas de la universidad, sino también en el sacrificado trabajo de cultivar la tierra. ¡Y qué manera de adquirir sabiduría cuando se cultiva la tierra!

Don Arturo, por ejemplo, recordaba que nuestra comida es producto de la mano de obra de esforzados peruanos y bolivianos que trabajan nuestro campo. Situación que, a lo menos, debería avergonzar a quienes el último tiempo han maltratado a  los inmigrantes, ignorando por completo que sobre sus platos comen del esfuerzo de extranjeros que han tomado los lugares que chilenos han comenzado a menospreciar.

Del mismo modo, Don Arturo, llamaba a poner atención por el derroche de agua que actualmente tenemos en Chile; básicamente, por la falta de embalses para contener el preciado bien que termina en ríos o va a parar al mar. De hecho, según sus datos, las pérdidas de agua alcanzarían el 85%. Dato no menor, considerando que muchas cosechas se han estropeado por falta del líquido vital y, lo que es peor, la cantidad de gente que está sufriendo por las aguas contaminadas de empresas mineras que sin escrúpulos, y actuando de manera impune, han traído problemas  incluso al abastecimiento familiar.

En su alocución, el señor Guerrero nunca desconoció el aporte de todas las personas involucradas en los procesos productivos; sin embargo -parafraseando una de sus ideas-  dijo que “para no desperdiciar el agua, cada uno debe contribuir con lo suyo, los técnicos son tan importantes como los agricultores, y los campesinos como los ingenieros agrónomos. Debemos incentivar la escuela agrícola, porque a la larga ¿qué van a comer? ¿cobre, celulares? Es preferible no tener plasma, pero comer todos los días…”.

Hasta este punto podríamos decir que las lecciones son varias, partiendo por el respeto que debemos mostrar a quienes no necesariamente tienen educación formal, pero que a menudo nos sorprenden. Sutilmente, nos recordó la importancia de los extranjeros que cultivan nuestras tierras. De paso, expuso a las autoridades que deberían preocuparse de administrar mejor los recursos y, en especial, el agua. Pero eso no es todo: reconoció la función que cada individuo tiene en la producción de alimentos, la protección del mercado interno y el equilibrio de roles.

Su cierre fue fenomenal, ya que contrastó el desperdicio de dinero en comida chatarra versus el gasto en verduras, frutas y hortalizas. Dos de sus últimas preguntas al panel fueron apuntando a la salud y la familia: ¿Cuánto cuesta al país los enfermos del corazón? ¿Qué estamos enseñando a nuestros hijos? Sencillamente, notable. Un maestro, bueno… por algo era feriante ¡Esa noche casi salí a correr al cerro! Sobre todo cuando volvió a recordar implícitamente que el conocimiento y la sabiduría no siempre se encuentran las salas de clases: “Hay expertos de calidad de los supermercados que creen que las zanahoria salen de los árboles…”.

Por último, dudo de la opinión del Papa en varios asuntos, pero al igual que Don Arturo, que de hostias sabe, sabe.